Olvido

Cuando me aucerdo del olvido siempre vienen a mi sus dos caras. La primera; la bendición de no acordarse más de lo que nos hace daño. La segunda; la maldición de que nadie se acuerde de nosotros. 

Al final es mejor ser un mal recuerdo de alguien que dejar de pertenecer a su memoria, ya que cuando las personas ya no se acuerdan de uno, es cuando realmente morimos.

La brevedad

Nunca nadie está listo para nada. Vivimos esta vida como el suceso único e irrepetible en el que apostamos por un resultado con cada decisión que tomamos. No se nace listo, y quizá uno nunca lo está completamente; aun así seguimos dándonos el lujo de esperar como si esta vida no acabara nunca.

Desconozco cuanto tiempo me queda, puede ser mucho, puede ser poco, de cualquiera de las dos formas siento que el tiempo se me acaba. Soy perseguido por la brevedad de mi existencia. No tengo tiempo para esperar, no tengo tiempo para estar listo, solo me alcanza este para hacer cosas y desear que de ahí salga el mejor resultado posible. No es un acto desesperado, es la conciencia de mi mortalidad.